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  "Lo clásico y refinado a veces está asociado con la formalidad y el exceso. Para mí es todo lo contrario. En este caso, el desafío fue transformar esa formalidad en algo alegre y luminoso", dice María Silvia Loitegui, decoradora a cargo de darle nueva vida a este maravilloso departamento ubicado en un edificio lleno de esplendor: el Palacio Estrugamou.


Los portones y sus amplios corredores simulan las entradas de carruajes de los palacios franceses. Crédito: Javier Picerno

En 1924, cuando terminó su construcción, fue una novedad: eran lujosos departamentos de rentas para aristócratas o quienes aspiraban a serlo, con ansias de mantener estilo de vida, pero disminuir el exceso en su presupuesto. El Beaux Arts, o academicismo francés, propone una sucesión de simetrías y ornamentaciones: portones de hierro forjado, pilastras de capitel, techos con mansardas de pizarra.


El francés August Huggie y el argentino Eduardo Sauze fueron los arquitectos a cargo del monumental proyecto, a pedido de Alejandro Estrugamou. Crédito: Javier Picerno

La arquitecta Patricia Vailati y Gastón Bacque estuvieron a cargo del impecable trabajo de restauración. "Asumimos el compromiso de respetar la esencia patrimonial", explican. Nosotros decimos: misión cumplida.

Cuentan que aquí vivió un conde al que no le gustaban los techos tan altos: mandó a elevar pisos y bajar el cielo raso. Luego llegó otro dueño, quien empezó a demoler la reforma. Antes de terminar, lo vendió. Por eso encontraron la vivienda con algunos desniveles en los techos.


"Todo estaba en ruinas. Rescatamos de entre los escombros la puerta de roble. Los pisos -abandonados y tapados por el polvo- se restauraron, pulieron e hidrolaquearon Crédito: Javier Picerno

"Combinamos muebles hechos a medida con otros que el propietario traía de su casa anterior y objetos queridos, como la colección de bastones y algunos cuadros. Los agrupamos en el hall de recepción, como una pequeña exhibición".


La dupla de sillones, llegada de otra vivienda, se retapizó en blanco y negro, tipo arlequín. Crédito: Javier Picerno


En el comedor, la antigua araña fue aggiornada con pantallas negras con dorado en el interior. Los sillones de pana (hechos a medida por María Silvia Loitegui), comodísimos. Crédito: Javier Picerno


A la izq., María Silvia Loitegui. En las mesas, rosas y salvias en contenedor de bronce y "La Novena", obra de nueve floreros sobre base de mármol (todo Meenoush). Crédito: Javier Picerno

En el living, sillones tapizados en lino y mesas ratonas de mármol y hierro (todo de María Victoria de las Carreras). "El tapiz, originalmente, estaba pensado para el comedor. Pero ponerlo ahí era demasiado obvio. Lo colgamos en el living, donde genera más sorpresa y completa una pared inmensa. Toma protagonismo en el ambiente junto a la elegancia sutil del blanco y negro".


Los nardos en flor, un detalle encantador creado por Irina Khatsernova, diseñadora de Meenoush. Crédito: Javier Picerno

"Originalmente la cocina estaba en el sótano y todo se subía con montacargas. Hoy cambió nuestro estilo de vida: las cocinas son el corazón de la casa, la queremos confortable y luminosa", nos cuenta la arquitecta Patricia Vailati.


Por su nueva ubicación la cocina debió hacerse desde cero. Eligieron una mesada blanca (Silestone) y alacenas sin vericuetos: sencillez al máximo. Crédito: Javier Picerno

"La mejor vista del departamento la tiene este ambiente: 'La Victoria Alada de Samotracia' es réplica en bronce de la que está en el Museo del Louvre de París. Sin duda, uno de los tesoros del edificio".


Las obras en resina de Jacinta Grondona son un guiño contemporáneo y de color. Crédito: Javier Picerno

El cuarto de la hija, con un gran espejo y cortina en degradé. En el del varón, shock de verde para la pared y almohadones con guarda pintada a mano (todo de MS Deco). Un artesano reconstruyó los pisos a partir de roble de Eslavonia de barriles de vino antiguos.


El baño moderno homenajea a los de aquella época: tiene una tina y abundancia de mármol. Crédito: Javier Picerno

"El gran desafío fue restaurar las ventanas curvas de vitraux, porque el dueño anterior había bajado el cielo raso del baño, y entonces no abrían", explica ante nuestra incredulidad la arquitecta.

Para el cuarto principal también se prefirió la sobriedad del blanco impoluto: desde la blanquería (todo de Angelina Linen) hasta la poltrona.


La mesa de luz de pergamino es de Piazza Navona y el respaldo en lino gris claro fue hecho a medida por María Silvia Loitegui.Crédito: Javier Picerno


A la izquierda, réplica del clásico contemporáneo de Charles y Ray Eames. Crédito: Javier Picerno


Tanto el piso de piedra París como la escultura fueron encargados a la Casa Martineau. El juego de sillones y mesa de hierro negro son de María Silvia Loitegui y el florero de bronce 'Luir', de Meenoush. Crédito: Javier Picerno

El patio junto al dormitorio es uno de los secretos mejor guardados de este departamento: para aprovecharlo, pusieron sillones y una mesita. El verde da un respiro interior.

Por: Silvina Bidabehere

La Nación

 

 

 

 
 

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