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Kew Gardens: arte y naturaleza en el Jardín Botánico más fabuloso de Inglaterra

En esta nota, un repaso por los múltiples atractivos –históricos y contemporáneos, artísticos y naturales– de “Kew Gardens”, el extraordinario Jardín Botánico situado a 30 minutos del centro de Londres

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Vista aérea de “La Colmena”, instalación de Wolfgang Buttress © Skyvantage

Vista aérea de “La Colmena”, instalación de Wolfgang Buttress © Skyvantage

Londres, especial. Basta apartarse media hora del centro de Londres, en dirección sudoeste, para apreciar la naturaleza en toda su variedad y esplendor. En 30 escrupulosos minutos, el tren o el subte nos conducen al condado de Surrey, donde, bordeadas por el Támesis, se despliegan las 132 hectáreas que ocupa Kew Gardens, el Jardín Botánico más grandioso de Inglaterra.

Apenas alcanza una jornada para agotar los innumerables atractivos del lugar. El amante de la naturaleza podrá atravesar un bosquecito de bambúes o demorarse  en el vasto "arboreto" a cielo abierto, donde conviven más de cien especies de acebos con todo tipo de árboles y arbustos de hoja caduca. Dentro de suntuosos invernáculos, podrá apreciar variedades de orquídeas y helechos, cactus y suculentas, extraños hongos y fantásticos nenúfares. Otra vez al aire libre, podrá caminar entre las copas de las árboles más altos, gracias a un puente elevado a 18 metros, que además nos ofrece una visión panorámica del parque.

Por si fuera poco, entreveradas con esas expresiones de la naturaleza, Kew Gardens abunda en manifestaciones del arte, desde obras arquitectónicas del siglo XVIII hasta una instalación contemporánea de Wolfgang Buttres, pasando por acuarelas botánicas y pinturas victorianas de la poco conocida Marianne North.

Vista aérea de La Casa de las Palmeras © RBG Kew

Vista aérea de La Casa de las Palmeras © RBG Kew

No hay que apresurarse a atribuir el aspecto señorial del sitio al afán imperial de la Inglaterra del siglo XIX. Aunque abrió sus puertas en 1840 como Jardín Botánico, en realidad Kew Gardens es hijo de las modas y tendencias del siglo anterior. Su origen se remonta a la ampliación del "exotic garden" del parque de Kew a mediados del siglo XVIII, e ilustra la avanzada del estilo inglés, que suplantó las artificiosas regularidades que los franceses imponían a sus jardines por un principio más liberal, donde la naturaleza parece crecer a su antojo.

La Gran Pagoda, tal vez la edificación más icónica de Kew, fue diseñada por William Chambers (1723-1796), que completó su construcción en 1762 como un regalo para Augusta, Princesa de Gales y  madre tutelar de estos Jardines Botánicos. (Chambers viajó más de una vez a China; en 1757, publicó un influyente libro sobre la arquitectura de ese país y, en 1772, una Disertación sobre jardinería oriental.) Hoy en día, podemos apreciar esta exótica construcción en su esplendor original. La restauración, llevada a cabo durante el año pasado, incluyó la recolocación de los dragones que adornaban los techos: 80 fabulosos animales tallados en madera, con aplicaciones de oro genuino.

Uno de los dragones que decoran los aleros de La Gran Pagoda © Historic Royal Palaces / Richard Lea-Hair

Uno de los dragones que decoran los aleros de La Gran Pagoda © Historic Royal Palaces / Richard Lea-Hair

Sin embargo, ya no es posible reencontrar muchas de las primitivas construcciones de Chambers en Kew Gardens. Si todavía se mantienen en pie The Orangery –hoy en día, un bar restaurante– o el templete de Bellona y el consagrado a Eolo, fueron demolidos, en cambio, un pequeño teatro y una Galería de Antigüedades, así como otros templos dedicados a dioses como Pan y Aretusa, y a alegorías como la Paz, la Victoria y la Soledad. Y es difícil no lamentar la triple desaparición de la Casa de Confucio, de una mezquita al estilo turco y de una Alhambra en miniatura. (Parte de estas pérdidas la compensa el admirable Pórtico Japonés, con su jardín aledaño, pero se trata de una construcción mucho más moderna, que data de 1910: este pórtico "Chokushi-Mon" replica una construcción de Kioto, y su estilo ornamentado responde al período Momoyama, de fines del siglo XVI.)

El “Arco en ruinas” de Chambers, según una ilustración de Joshua Kirby y grabado de William Woollet (1763)

El “Arco en ruinas” de Chambers, según una ilustración de Joshua Kirby y grabado de William Woollet (1763)

Otra de las invenciones de Chambers que aún sobreviven es el falso "Arco en ruinas" de 1759. Fue construido originalmente así, con artificioso aspecto de ruina, como un agregado a la remodelación de estos Jardines Reales: pocas obras podrían ilustrar mejor la fascinación del siglo XVIII por los despojos melancólicos del pasado. (Cuando, mucho más tarde, el Arco fue restaurado, se descubrió que contenía auténticas piezas de esculturas grecorromanas.)

La Casa de las Palmeras al atardecer © RBG Kew

La Casa de las Palmeras al atardecer © RBG Kew

Los colosales invernaderos de Kew, en cambio, nos conducen al corazón del siglo XIX. Así ocurre con La Casa de las Palmeras (The Palm House), diseñada por Decimus Burton y Richard Turner, y construida entre 1844 y 1848. Fue la primera gran estructura de hierro fundido que se edificó en Inglaterra y alberga en su interior no sólo palmeras, sino toda la flora tropical típica de una selva o "rain forest". Sólidas escaleras de caracol nos permiten llegar casi hasta el techo, donde el calor agobia y la perspectiva es exuberante. La Casa Templada (The Temperate House), otro diseño de Burton, incluso duplica la superficie de "La Casa de la Palmera": es la estructura de cristal y hierro fundido más imponente de todas las que se conservan de la Época Victoriana.

Interior de La Casa Templada. Foto: Gareth Garden © RBG Kew

Interior de La Casa Templada. Foto: Gareth Garden © RBG Kew

Por otro lado, en otro recodo de ese parque tan vasto, está la galería dedicada a Marianne North (1830-1890). De familia acaudalada, esta mujer soltera se dedicó a viajar luego de la muerte de su padre, en 1871. Así pudo desplegar un registro pictórico de las exóticas especies botánicas que fue encontrando, a veces tras arduas búsquedas, en sus travesías. Miss North logró visitar 17 inusuales países en 14 años. Conoció Jamaica y Japón, Java y Sudáfrica, la India y Canadá. También anduvo por California, o por las Islas Seychelles. No llegó a visitar la Argentina, pero sí Brasil y Chile. Más de una especie botánica lleva su nombre, como la "Nepenthes northiana", una planta carnívora de Borneo que ella fue la primera en documentar .

Exterior de la Galería Marianne North © RBG Kew

Exterior de la Galería Marianne North © RBG Kew

Me pareció que las pinturas de esta intrépida viajera vacilaban entre el documento científico y una forma candorosa del arte. North carecía de estudios formales en pintura o ilustración científica, pero poseía indudable pericia y un enorme afán por retratar las especies botánicas que la fascinaban. Es evidente que trabajó sin respiro. Pintó cientos de flores con tonos vibrantes –aplicaba muchas veces el óleo tal como salía del tubo– y, dentro de esos retratos botánicos, fue dejando constancia de los lugares donde montaba su bastidor: por eso casi todos sus cuadros son, al mismo tiempo, un paisaje.

Miss North donó en vida sus pinturas a Kew, para ser exhibidas en una galería diseñada por ella misma, que se inauguró en 1882. Son más de 800 obras, agrupadas una al lado de la otra según un criterio geográfico. Esa disposición abrumadora tal vez manifieste el horror al vacío de esta artista victoriana: lo interesante es que, de algún modo, también propicia una experiencia de inmersión, una forma de viaje estético.

Interior de la Galería Marianne North © RBG Kew

Interior de la Galería Marianne North © RBG Kew

Muy cerca, también está la Galería Shirley Sherwood, dedicada a la exhibición de arte botánico. Los ricos archivos de Kew resguardan más de 200.000 obras de arte de este género: incluyen piezas de los siglos XVIII y XIX, de autores tan fundamentales como el alemán Georg Ehret, el belga Pierre-Joseph Redouté o los hermanos austríacos Ferdinand y Franz Bauer. (Esos hitos del arte botánico conviven con el trabajo de artistas contemporáneos: así, durante mi visita otoñal, pude contemplar las pinturas de Pandora Sellars, las xilografías de orquídeas basadas en acuarelas del maestro japonés Zuigetsu Ikeda y los dibujos en grafito donde Mark Frith retrata la arquitectura enrevesada de los robles ingleses.)

Interior de la Galería de Arte Botánico Shirley Sherwood © RBG Kew

Interior de la Galería de Arte Botánico Shirley Sherwood © RBG Kew

Párrafo aparte merece la instalación "La Colmena", del inglés Wolfgang Buttress, que se alza en uno de los lugares centrales de Kew. Construida en colaboración con ingenieros y arquitectos, esta obra reciente logra integrar arte y diseño, apicultura y medioambiente, y sería inconcebible sin la colaboración del físico experimental Martin Benscik. Con su equipo multidisplinario, Buttress alzó un admirable enrejado compuesto de cientos de miles de piezas de aluminio. (El motivo de las celdas hexagonales se difunden en un entramado irregular, según un patrón poco predecible que lo vuelve más bello.)

Vista aérea de “La Colmena” © Skyvantage

Vista aérea de “La Colmena” © Skyvantage

Cuando uno se adentra en la estructura, llega a escuchar un tenue zumbido: lo causan las vibraciones de las abejas en una colmena conectada a la instalación. Las casi mil luces LED también parpadean de acuerdo a las interacciones que se dan entre los insectos, que de ese modo comandan tanto la intensidad del sonido como la de los juegos lumínicos.

Visitantes disfrutando de “La Colmena”. Foto: Jeff Eden © RBG Kew

Visitantes disfrutando de “La Colmena”. Foto: Jeff Eden © RBG Kew

Originalmente, "La Colmena" lideró el pabellón inglés en la Exposición Universal de Milán en 2015. El lema que agrupaba las colaboraciones era "Nutrir el planeta, energía para la vida", y hay que decir que Buttress supo interpretarlo con delicadeza: su obra, de hecho, subraya la importancia de la polinización en la cadena alimentaria. En 2016, "La Colmena" fue resituada en Kew, que no era su destino original. Esta instalación escultórica, sin embargo, tiene un inconfundible aspecto arbóreo y así logra integrarse al paisaje gracias a la delicadeza de su follaje metálico.

“La Colmena”. Foto: Jeff Eden © RBG Kew

“La Colmena”. Foto: Jeff Eden © RBG Kew

En este repaso por las obras del arte y la naturaleza, no tardó en asomar la literatura. Porque "Kew Gardens", recordé en cierto momento, no es sólo el nombre de un parque botánico: es también el título de un cuento de Virginia Woolf publicado hace exactamente un siglo. (En su edición original, ilustraban el texto dos xilografías de Vanessa Bell, la hermana pintora de Virginia.)

Los Jardines de Kew son el escenario y el tema del relato. Woolf los presenta como un parque abierto a hombres y mujeres de diversas edades y condición social. Pero la técnica narrativa es impresionista: las descripciones disgregan la realidad en átomos y pinceladas: en colores, sonidos y aromas. En otros términos, el mundo se pulveriza en una miríada de impresiones singulares. La escritora también prescinde de "personajes" en sentido tradicional: sus sucedáneos son figuras tenues e insustanciales que recorren los Jardines trazando movimientos azarosos, carentes de sentido y dirección. Como no podría ser de otro modo, este breve texto clave de la poética modernista también incluye una reflexión sobre el lenguaje.

Palacio de Kew (también llamado “La Casa Holandesa”) © RBG Kew

Palacio de Kew (también llamado “La Casa Holandesa”) © RBG Kew

De vuelta en Buenos Aires, releí el cuento de Virginia Woolf: al menos en el plano de la imaginación, la literatura me recondujo a Kew Gardens. Pero no fue el único de los vasos comunicantes que, ya en la Argentina, todavía seguían apuntando allí. Poco después, me asombró encontrar en el Museo Nacional de Bellas Artes otro atajo poético hacia los jardines de Kew, esta vez de la mano de John Mallord William Turner.

J. M. William Turner, “Syon House y el Palacio de Kew desde las cercanías de Isleworth”, 1805 © Tate, London 2018. Foto: Gustavo Cantoni / Gentileza MNBA

J. M. William Turner, “Syon House y el Palacio de Kew desde las cercanías de Isleworth”, 1805 © Tate, London 2018. Foto: Gustavo Cantoni / Gentileza MNBA

En la soberbia exposición de acuarelas de la Tate Collection, encontré una pieza titulada "Syon House y el Palacio de Kew desde las cercanías de Isleworth", 1805. Hacia la izquierda de esta obra, cerca del centro, puede verse Syon House (una construcción de Robert Adam, actualmente una residencia privada). Pero más en la lejanía, a la derecha, se vislumbra el Palacio de Kew, que está en la otra ribera del Támesis.

Aunque la figura está muy difuminada, no parecía coincidir con la edificación de estilo holandés que yo había visitado. Así me enteré de que hubo no menos de cuatro construcciones que recibieron el nombre de "Palacio de Kew". El que ahora sobrevive, del tamaño de una mansión, es parte de un complejo mayor erigido hacia 1631; también se lo conoce como La Casa Holandesa ("The Dutch House"). El que Turner registra en la acuarela, en cambio, es un raro castillo neogótico diseñado por James Wyatt"The Castellate Palace" comenzó a construirse en 1801 y fue abandonado en 1811; se demolió entre 1827 y 1828.

Nunca admiraremos lo suficiente la capacidad topográfica y descriptiva de Turner, que él mismo se encargó de atenuar, guiado por un creciente apetito de abstracción. Antes del nacimiento de la fotografía, el artista inglés documentó muchos edificios hoy desaparecidos: entre ellos, la Abadía de Fonthill, otra notable invención de Wyatt (la acuarela también puede verse en la muestra del MNBA). Lo que fue piedra y madera es ahora una mancha magnífica y partículas de grafito sobre un papel. En otras palabras: aunque lo apuntalen materiales muy sólidos, el destino de una obra arquitectónica puede ser más efímero que el de una frágil acuarela. Los edificios demolidos de William Chambers en Kew Gardens, ¿no demostraban la misma tesis melancólica? Al igual que ocurre con el palacio extravagante de James Wyatt, es inútil que hoy busquemos esas construcciones: ya no existen, pero todavía las preservan algunas palabras antiguas y las formas más nobles del arte.

"Royal Botanic Gardens, Kew" queda en Richmond TW9 3AB, aproximadamente a media hora del centro de Londres, viajando en tren o subte. Durante enero, los Jardines abren todos los días a las 10 de la mañana y cierran sus puertas a las 16:15. La tarifa general para adultos es de £12.50, e incluye un descuento si se compra previamente online.

 
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